Una pátina de agua recorrió la gran beta cristalizada.
En la cantera, de todos es sabido que tienes que permanecer limpio hasta en las circunstancias más exigentes. Deben fijarse en ti gracias a las cualidades clásicas de una piedra preciosa, humanizadas por los estándares del elitismo.
No me malinterpretéis, le gustaba vivir en la cantera, tenía cerca a otros como el y el clima era idóneo para con su composición química y durabilidad.
El permanecer trasparente e impoluto se había convertido en hábito, mas tarde en tradición y finalmente en costumbre.
Cuando fue seleccionada no se lo podía creer, un torrente de emociones recorrió su espinazo y el paso de los rayos del sol la hicieron brillar como nunca había brillado.
Pasado un tiempo, entendió que su traslado a aquel amasijo de hierro, máquinas pulidoras y humanos que tenían muchas cosas que decir era parte del proceso. No era un sitio agradable, pero parte del proceso, al fin y al cabo.
Por fin llegó el gran día y tuvo la oportunidad de ver su reflejo en ventanucos apilados fuera de la factoría. Era precioso, estilizado y pulcro hasta el punto de no reconocerse de primeras.
Era el cuarzo más bonito del mundo.
Dentro de un maletín acolchado con goma espuma, paso el trayecto de la factoría hasta el siguiente punto cavilando en las posibilidades que le ofrecía el mundo real. El bullicio de la ciudad, las joyerías de alta gama, o exhibiciones en museos con la iluminación y temperaturas de conservación adecuadas.
Finalmente, el maletín se abrió de y una señora con un anteojo lo extrajo cuidadosamente con una pinza.
- Aquí estás precioso, el tiempo de espera ha merecido la pena.
El mineral no podía ser mas feliz, nadie quedaba indiferente a su belleza y en el escaparate fue exhibida con una etiqueta atada a un extremo del que no conseguía ver que ponía.
¿Sabían esas personas asombradas cómo había llegado hasta allí? ¿Sabían que su nacimiento había sido producto del choque de dos placas tectónicas en la época cuaternaria? Quería pensar que sí.
Un señor con bastón y bigote de puntas le hizo a la joyera extraerlo de la vitrina para ser examinado mas de cerca y cuando quiso darse cuenta, estaba en otro hogar y algo desorientado. Desorientado por la nueva ubicación, pero principalmente, por el artilugio que le habían colocado a modo de cadena. Simplemente no lo entendía. ¿por qué una cadena? Eso no le gustaba. El cuarzo no requería de añadidos, era puro y limpio como un amanecer en su querida cantera.
A su mujer pareció gustarle y lo lució con encanto aquella noche. La mirada de aquellas personas distinguidas se dirigía a su elegante cuello de cisne.
Tras aquella noche fue colocada en un cajón desprovisto de luz, sonido y compañía. Y así pasaron los años, ¿para esto he sido diseñado? ¿este era el objetivo primario?
Así acaba su historia, alejado del mundo y olvidado en un cajón. Fue entonces cuando comenzó a pensar en lo feliz que era en la cantera.
Este relato fue escrito para ser expuesto a mis amigos/as en nuestra convocatoria de escritura del 1 de junio de 2024




